Para los pueblos cholultecas, la relación con el campo y la tierra ha sido parte fundamental de su identidad desde tiempos ancestrales. Hoy, la comunidad de San Rafael Comac enfrenta una realidad donde la pérdida de este vínculo ha sido pronosticada… En 11 años, más del 90% del territorio agrícola del pueblo será engullido por la expansión urbana. Ante esta proyección, vecin@s de Comac se reunieron para protestar ante el impacto de nuevos desarrollos inmobiliarios, reavivando el conflicto entre los pueblos y el Plan Municipal de Desarrollo Urbano.

Sucedió el 16 de octubre, sobre la Av. Tlatlauquitepec en San Rafael Comac a las 11:00 de la mañana. Vecin@s se agruparon en una de las vías principales del pueblo, cubierta de lodo y baches provocados por el constante paso de maquinaria pesada. Frente a ellos se elevaba un nuevo desarrollo industrial, su propósito es desconocido, pues ni a los obreros se les ha aclarado. Sin embargo, esta no es la única construcción; a unos metros se dejó en obra gris un conjunto habitacional.

Habitantes del pueblo respaldados por Cholultecas Unidos en Resistencia (CHUR) increparon al encargado de la obra presente sobre los daños a la avenida. El mismo, residente en Comac desde hace más de 30 años, mostró comprensión hacia las preocupaciones de la comunidad. Tras esto, se comprometió a hacer lo posible por evitar perjudicar la avenida Tlatlauquitepec durante el resto de su participación en la obra.
Posteriormente surgió una nueva discusión entre l@s residentes de San Rafael Comac, con dudas sobre el desarrollo, y l@s integrantes de la CHUR. En tono civil, el diálogo continuó de tal forma que se aclaró el impacto de este tipo de obras. Así mismo, se destacó la importancia del Plan de Desarrollo de los Pueblos frente al despojo que representa el Plan Municipal de Desarrollo Urbano (PMDU).
San Rafael Comac como escenario en disputa entre los pueblos y el despojo
San Rafael Comac se ha convertido en un territorio estratégico de disputa entre la expansión urbana y la defensa territorial de los pueblos originarios. El PMDU reconoce el crecimiento desordenado y la presión inmobiliaria como problemas estructurales, pero su ejecución ha facilitado la entrada de lo último. Frente a esta visión, las comunidades proponen proteger las tierras agrícolas, los recursos naturales y las formas tradicionales de organización. La disputa trasciende el uso del suelo, enfrenta una visión del desarrollo orientada al crecimiento urbano y otra centrada en la autodeterminación comunitaria.

En Comac, los efectos de esta presión territorial ya se manifiestan mediante fraccionamientos periféricos, construcciones sobre cauces pluviales e inundaciones. Las estrategias de planeación propuestas por los pueblos originarios buscan frenar el despojo y establecer mecanismos comunitarios de protección territorial. Sin embargo, la falta de incorporación efectiva de sus propuestas alimenta el conflicto con las autoridades. La expansión de actividades industriales cerca de zonas habitacionales igual profundiza las preocupaciones por la contaminación, la seguridad y la calidad de vida.
El conflicto también tiene una dimensión constitucional. El artículo 2 de la Constitución reconoce los derechos indígenas de libre determinación y consulta previa ante decisiones que afecten sus territorios. Autorizar desarrollos industriales sin garantizar los derechos aplicables podría vulnerar ese marco jurídico. Su proximidad a viviendas también exige evaluar emisiones, ruido, tránsito pesado y posibles riesgos para la salud. La legalidad de cada autorización debe analizarse según el procedimiento seguido, los permisos y las evaluaciones ambientales correspondientes.
El futuro que se proyectó sobre Comac que aún podemos detener
Una proyección difundida recientemente advierte que San Rafael Comac podría perder más del 90 % de su territorio agrícola en los próximos once años. El análisis compara imágenes satelitales de 1994, 2015 y 2024 para mostrar la transformación del suelo ante el avance de la mancha urbana. De mantenerse esta tendencia, los campos que históricamente han sostenido parte de la vida económica y comunitaria podrían quedar reducidos a una superficie mínima. Aunque la cifra requiere conocer la metodología completa para verificar su precisión, el escenario expone la magnitud de la presión urbana sobre el territorio.
Esta transformación no representa únicamente una reducción de las tierras destinadas al cultivo. También amenaza la disponibilidad de superficies permeables, las actividades agropecuarias y las prácticas comunitarias vinculadas al territorio. La expansión de fraccionamientos y desarrollos inmobiliarios e industriales puede profundizar estos cambios cuando ocurre sin una planeación adecuada. Por ello, la proyección plantea interrogantes sobre las decisiones de uso de suelo y las autorizaciones que permiten la ocupación progresiva de terrenos agrícolas. Sin medidas efectivas de protección, la continuidad de esta tendencia podría alterar irreversiblemente el paisaje de Comac.

Defender el territorio de San Rafael Comac es defender su existencia como comunidad y evitar que sus campos desaparezcan bajo el avance de la urbanización. Si la expansión continúa sin límites efectivos, la soberanía alimentaria, el equilibrio ambiental y las formas de vida que han dado identidad al pueblo se verán comprometidas. Frente a esta amenaza, la organización comunitaria, la participación ciudadana y la exigencia de responsabilidades a las autoridades son urgentes.
Es necesario defender las tierras agrícolas, exigir transparencia sobre los permisos de construcción y demandar una planeación urbana que respete los derechos de la



