XOCHIPITZAHUAC 2025: TRADICIÓN Y RESISTENCIA QUE FLORECEN EN TLAXCALANCINGO

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El pueblo vive. Cada canto, cada danza, cada alimento compartido y cada historia contada lo demuestran. Cuando las infancias portan la vestimenta tradicional con orgullo y los abuelos y abuelas transmiten su conocimiento, pasado, presente y futuro se unen. Así se manifiesta la resistencia, en un mundo donde el capital intenta borrar la identidad. Esto es lo que se vivió en el Xochipitzahuac 2025 el pasado 12 de octubre en Tlaxcalancingo.

Desde el inicio, el mensaje del Xochipitzahuac es claro: Tlaxcalancingo resiste y sus tradiciones siguen vivas.

Una lona a la entrada recuerda este ánimo, con un claro posicionamiento en solidaridad con las comunidades zapatistas. “A desaparecer nos resistimos”, se lee en el cartel. Es un grito en defensa de la vida y la dignidad del pueblo.

Esta postura no es nueva. Es inherente al Xochipitzahuac que se lleva celebrando desde hace 21 años. Precisamente esta tradición nace como respuesta al episodio de despojo territorial que la comunidad de Tlaxcalancingo enfrenta desde hace tres décadas. No es una simple fiesta, es una afirmación política y cultural. Es un reclamo contra las autoridades que usan la imagen de los pueblos originarios como utilería, mientras que habilitan el saqueo del territorio. Es la prueba viva de la resistencia del pueblo. Por eso, el Xochipitzahuac es completamente autogestivo, hecho por y para el pueblo.

Así se viven tradición y resistencia en el Xochipitzahuac

El compromiso por la vida no se queda únicamente en los discursos, se vive en cada detalle del evento. No hay ejemplo más claro de cómo se manejó esto, que en uno de los reflejos más profundos de la identidad comunitaria: La comida.

 

Desde la entrada al Xochipitzahuac se prohibió el ingreso de comida chatarra, desechables, y productos de empresas extractivistas. Pero no se perdió nada de valor a comparación de las delicias caseras y tradicionales que se encontraban al interior del evento. Dentro, los aromas del mole, los huazontles, las memelas y quesadillas eran algunos de los que llenaban el aire, todos preparados al momento. En este evento, el alimento se convierte en una ofrenda colectiva, elaborada con ingredientes locales y manos dedicadas. Al comer juntos, se construyen lazos comunitarios que reafirman al otro, así como la pertenencia mutua al territorio.

 

El Xochipitzahuac también presentó las pinturas realizadas por el profesor Raúl Chiquito, obras que se podrían describir como Ex Votos. Dichas ilustraciones consisten en pinturas narrativas donde la imágen y el texto se entrelazan para exponer la tradición y la experiencia cotidiana de una comunidad. El arte ofrecido por el profesor Raúl otorga una rica experiencia cultural y académica. A través de él, la audiencia pudo aprender múltiples aspectos de la historia y las tradiciones de Tlaxcalancingo a lo largo de más de un siglo. Esta exposición sirve como un testimonio vivo de la resistencia y la memoria del pueblo

Uno de los sucesos más llamativos del Xochipitzahuac son los danzantes, quienes en cada paso invocan una herencia que se transmite por el ritmo. Cada uno de los distintos bailes realizados, se manifiesta como distintas formas de expresión corporal que llevan tras ellos una tradición milenaria. Encarnan la más pura forma de autonomía individual y la conexión con el otro.

Pero mientras la música resuena, al horizonte crecen torres de concreto y cristal. Su presencia recuerda la constante amenaza a la que se resisten los pueblos originarios. Es un contraste brutal: gigantes de acero contra el susurro del maíz; el ruido de la maquinaria contra el retumbar del tambor; la frialdad corporativa contra la calidez de un hogar. Mientras la comunidad celebra su tradición, el desarrollo inmobiliario avanza sin descanso. No obstante, el Xochipitzahuac recuerda que la resistencia es permanecer, danzar, compartir y no dejarse borrar.

Podría decirse que el evento más esperado en el transcurso del Xochipitzahuac es la boda. A las 2 de la tarde inicia la unión de una pareja del pueblo. Toda la comunidad se une para asegurar que este tradicional festejo salga a la perfección. La unión de dos almas se refleja en la unión de la gastronomía, la danza y la música de la región.

Debemos recordar a los protagonistas de este capitulo del Xochipitzahuac: Los novios. Ellos nos recuerdan la importancia de amar, que en los tiempos que vivimos, se reivindica como un acto de resistencia

El Xochipitzahuac demuestra que la tradición no está únicamente limitada al pasado, sino que es una forma de mirar hacia el futuro. Cada acto llevado a cabo sostiene la resistencia del pueblo de Tlaxcalancingo frente al despojo. El Xochipitzahuac se manifiesta como un faro de esperanza, volviéndose un importante espacio donde se fortalece la identidad comunitaria. Mientras el corazón del pueblo siga latiendo, la tierra seguirá hablando, y donde hay resistencia, sigue viva la posibilidad de un mañana.


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