Resistencia y Autonomía De Los Pueblos Indígenas

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Los pueblos defienden su resistencia y autonomía

Hoy, en el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, nuestra atención se centra en una crisis que no trasciende una sola comunidad. En el estado de Puebla, la lucha por el agua y el territorio es una realidad que conecta a decenas de pueblos originarios. Lo que inició como un conflicto en San Pedro Cholula es en realidad una emergencia hídrica regional.

Esta lucha no es solo por un recurso, está respaldada por leyes. A nivel estatal, la Ley de Derechos de los Pueblos Indígenas de Puebla ampara su libre determinación, su derecho a ser consultados y a proteger sus recursos naturales. A nivel nacional, la Constitución garantiza su autonomía y el derecho humano al agua y a nivel internacional, la ONU reconoce su relación espiritual con el territorio. Todos estos marcos legales son la base de su defensa.

Para comprender la magnitud de esta resistencia, es crucial ir más allá de las leyes y adentrarse en la cosmovisión de los pueblos. El agua no es un simple recurso para las comunidades originarias; es un ser vivo, un territorio sagrado y la sangre de la madre tierra, su defensa por tanto, es un acto de preservación cultural y espiritual. La crisis actual representa no sólo una escasez hídrica, sino una herida profunda al tejido identitario de los pueblos del Valle de Cholula, para quienes los manantiales y los ríos son parte fundamental de su historia y su memoria colectiva.El epicentro de esta crisis se encuentra en el Valle de Cholula. Doce acuíferos en Puebla están sobreexplotados, megaproyectos inmobiliarios autorizados por el gobierno estatal consumen y contaminan el agua subterránea, secando los pozos de las comunidades. Las autoridades municipales atribuyen la escasez a la sequía y proponen soluciones como tandeos, pero las comunidades ven esto como parches que ignoran el verdadero problema: el consumo desmedido de los grandes desarrollos.

Pero esta crisis no se queda en Cholula, ya que se ha expandido como una red por toda la región. En Huejotzingo el problema es la contaminación, doce fábricas textiles vierten químicos sin tratamiento al Río Atoyac, el Río Atoyac es una cuenca, significa que el problema no es solo un chorro de agua sucia, es que toda la región está contribuyendo a envenenar su propia fuente de vida y el río es el que se lleva toda la culpa concentrada. 

La contaminación de Huejotzingo no se queda ahí, se escurre por la cuenca y afecta a todos los que están río abajo, esto ha dejado sin agua a 8 comunidades y provocó un alarmante aumento del 40% en enfermedades renales en niños, según reportó el Centro de Salud de Huejotzingo en 2024.

En Cuautlancingo, la amenaza viene del subsuelo, un basurero municipal filtra líquidos tóxicos al manto freático, confirmado por estudios de la BUAP. A esto se suma la construcción de megaproyectos logísticos de empresas como Amazon y DHL sobre humedales, zonas cruciales para recargar el agua. Estos no son problemas separados, el basurero envenena el agua que ya está bajo tierra y los megaproyectos evitan que se reponga con agua limpia. Es un círculo vicioso de contaminación y escasez.

Las autoridades como la Secretaría de Medio Ambiente del estado son señaladas porque son la instancia que autoriza el cambio de uso de suelo en estas áreas naturales protegidas y da los permisos de construcción, priorizando la inversión privada sobre la protección ambiental y la salud de la población. Es un ecocidio porque está destruyendo de manera irreversible el sistema natural que provee agua a toda la región.

Mientras tanto, en San Andrés Cholula, la etiqueta de «Pueblo Mágico» esconde una paradoja. El turismo de alto impacto está agotando el agua, mediante un estudio de la UPAEP de 2025 se reveló que hoteles y Airbnb consumen un 40% más que las viviendas y se han perforado 15 nuevos pozos privados para desarrollos de lujo, lo que ha forzado a familias enteras a vender sus terrenos y abandonar sus hogares por la total escasez.

La situación se repite en el Corredor Cholula-Tlaxcala, aquí, los parques industriales consumen diariamente una cantidad de agua equivalente a la que necesitan cien mil personas, según datos de la CONAGUA, esto ha secado la agricultura con pérdidas del 60% en cultivos de maíz, provocando que los jóvenes tengan que migrar al quedar sin medios de vida.

El caso más extremo está en la Zona Oriente, en el Acuífero de Tehuacán, empresas embotelladoras como Coca-Cola y Bonafont extraen cinco millones de metros cúbicos de agua al año. Veinte municipios sufren tandeos de hasta 72 horas y la resistencia pacífica de campesinos ha sido reprimida con violencia, como ocurrió en las marchas de abril de 2025.

Cuando hablamos de la lucha por el agua en Puebla, hay que decirlo claro, el corazón de esta batalla está en las mujeres. En cada rincón de la región son ellas, las mujeres cholultecas, las que están al frente, defendiendo no sólo un recurso sino la vida misma de sus comunidades.

¿Por qué son ellas las protagonistas? Porque la escasez de agua las afecta directamente, son quienes caminan kilómetros para conseguir una cubeta, quienes velan porque sus hijos e hijas no se enfermen con agua contaminada, y quienes preservan el conocimiento tradicional sobre las fuentes de agua y la tierra. Como lo relata Miriam Vargas Teutle, defensora de Tlaxcalancingo, «las mujeres del Valle Cholulteca han participado históricamente en la defensa de las tierras». Su lucha trasciende lo local, es la defensa de su identidad, su cultura y sus derechos humanos más básicos.

Frente a la magnitud de esta crisis hídrica, los pueblos han dejado de ser víctimas pasivas para erigirse como defensores activos de su territorio, Sin embargo al interior de estos movimientos, las mujeres defensoras enfrentan una triple jornada de trabajo, el cuidado del hogar, su trabajo remunerado y la defensa del territorio,  que a menudo no es reconocida ni redistribuida. desplegando una multifacética y profunda resiliencia que se teje desde la base comunitaria. La posibilidad de que prevalezcan reside precisamente en esta unión. Mientras sigan tejiendo redes de solidaridad que traspasan fronteras municipales, su voz se volverá imparable. La victoria no será un evento único, sino un proceso construido sobre la resistencia diaria, la documentación impecable de los daños y la capacidad de presentar un frente común.  

 Por ello, desde dentro, se lucha por una igualdad real en la participación y por reducir la carga desproporcionada que recae sobre las mujeres, como se señala en el testimonio de la defensora. Esta documentación es clave. Las comunidades, apoyadas por medios comunitarios, han logrado evidenciar con videos y transmisiones en vivo cómo camiones pipa abastecen de agua a grandes fábricas y desarrollos inmobiliarios mientras las colonias populares carecen del servicio, una contradicción que queda al descubierto gracias a su trabajo.

La respuesta del Estado ha oscilado entre la omisión cómplice y la represión activa. La Secretaría de Medio Ambiente es señalada por una falta de aplicación de la ley, con multas sin efecto y la renovación de permisos a empresas contaminantes, evidenciando una clara complicidad institucional. Esta inacción se complementa con la criminalización de los defensores, estigmatizados como «opositores al progreso», y que culminó en la represión violenta de las marchas pacíficas en Tehuacán en abril de 2025, mostrando la prioridad del gobierno por proteger a las corporaciones sobre los derechos de su pueblo. 

La crisis en Puebla es más que una escasez local; es una violación sistemática de los derechos humanos colectivos. La defensa de los pueblos originarios, respaldada por leyes nacionales e internacionales, expone la urgencia de cambiar un modelo de desarrollo que prioriza el beneficio económico sobre la vida y el derecho al territorio. En este Día Internacional, su lucha es la defensa de un futuro para todos.

La conclusión es clara ya que la contaminación de Huejotzingo, los basureros de Cuautlancingo y de San Pedro Cholula, los pozos turísticos de Cholula, la sede industrial del Corredor y el acaparamiento en Tehuacán no son problemas separados. Son eslabones de la misma cadena que está estrangulando el futuro hídrico de la región. La solución requiere entender esta conexión y actuar en consecuencia, frenar la autorización de proyectos insostenibles, auditar y cerrar extracciones ilegales, regenerar la cuenca del Atoyac y sobre todo restaurar la gobernanza del agua para que sea un bien público gestionado para el bien común, y no una mercancía para el lucro de unos cuantos. La lucha, como evidencian las mujeres defensoras, también debe darse al interior de los movimientos, garantizando que la carga del trabajo de defensa no recaiga desigualmente sobre las mujeres y que su liderazgo sea plenamente reconocido.

FUENTES DE INFORMACIÓN

Gobierno del Estado de Puebla. (2019). Ley de Derechos, Cultura y Desarrollo de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de Puebla.

Naciones Unidas. (2007). Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

Comisión Nacional del Agua. (2023). Actualización de la disponibilidad media anual de agua en el acuífero del Valle de Puebla (2101). Diario Oficial de la Federación.

Benitez, M., & Cortés, A. (2024). Análisis de la contaminación por metales pesados en el acuífero del Valle de Puebla: El caso del Relleno Sanitario de Valsequillo.  Instituto de Ciencias de la BUAP.

Cholollan Radio. (2024, abril). Documental: La agonía del manantial de Tlaxcalancingo

Daniela Gutiérrez

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