
Han pasado dos semanas de incertidumbre, María Mendoza Lucas una defensora del territorio mixe y una mujer trans, desapareció el 27 de octubre mientras viajaba de Oaxaca a Puebla. Desde entonces, su familia, amistades y organizaciones sociales no han dejado de exigir: «¡Hasta Encontrarla!». Su grito es uno solo: encontrarla con vida.
María de 31 años es un pilar en su comunidad, la conocen por su danza, por su trabajo promoviendo la medicina tradicional y por su firme defensa de los territorios indígenas. La última vez que alguien la vio, llevaba una blusa verde, pantalón de mezclilla negro, tenis negros y una gorra roja. Aunque su desaparición se reportó oficialmente tres días después, el 30 de octubre, la incertidumbre no ha hecho más que crecer.
¿Qué pasó durante ese viaje?
Sabemos que María fue a Puebla para una peregrinación, decidió quedarse unos días más después de que el resto del grupo regresara a sus hogares. Luego, llegó un mensaje desgarrador: a través de sus redes sociales, María contó que había sido víctima de un asalto y pidió ayuda. Ese fue su último mensaje, el silencio que siguió aún no se rompe.
Esta incertidumbre mantiene la búsqueda en un limbo, las autoridades señalan el 27 de octubre como la fecha de su último avistamiento, pero esto es solo un dato administrativo. En realidad, no hay certeza sobre el último lugar donde fue vista con vida, lo único verificable es que un testimonio la ubica en San Pedro Cholula, Puebla, las autoridades aún no determinan si la investigación debe centrarse en Oaxaca o en Puebla.
Este caso es una herida abierta porque María era un blanco de múltiples vulnerabilidades, días antes de desaparecer, ella misma había denunciado que sufría acoso e intimidaciones. La razón: su incansable activismo y su identidad de género, quienes la conocen no dudan de estas denuncias. María enfrentaba racismo, discriminación por ser una mujer trans, y vivía en una situación económica precaria, esta combinación la ponía en un riesgo extremo.
Lamentablemente, su historia no es un caso aislado. La situación en Oaxaca refleja una crisis nacional. Según el Informe 2024 de CEMDA, México es uno de los países más peligrosos para personas defensoras, registrándose 323 agresiones en 2023, con 60 homicidios además de las desapariciones forzadas. En este contexto nacional, Oaxaca se confirma como un foco rojo, ya que en los últimos seis años, el estado acumula 252 agresiones, incluyendo 225 asesinatos y 27 desapariciones como la de María. El patrón es alarmante: a nivel nacional, el 21% de las agresiones fueron contra mujeres, y a esto se suma la violencia específica contra la diversidad sexual, evidenciando una crisis marcada por la discriminación.
Ante esta tragedia, las leyes mexicanas e internacionales son claras, el Estado tiene la obligación de actuar de inmediato. La desaparición de María viola su derecho fundamental a la vida y a la seguridad por ser una mujer trans, la ley exige que se le reconozca y trate de acuerdo con su identidad de género, sin discriminación. Por ser defensora, tiene derecho a realizar su labor en un entorno seguro y por ser víctima de desaparición se debe activar un protocolo de búsqueda inmediata con perspectiva de género.
Por todo ello, colectivos como Consorcio Oaxaca y la Red Nacional de Abogadas Indígenas exigen acción piden a los gobiernos de Oaxaca, Puebla y al federal que coordinen una búsqueda real y eficaz, que investiguen con la certeza de que su identidad de género y su activismo pudieron ser la causa de su desaparición. Y crucialmente, que activen el Protocolo Alba, un mecanismo de búsqueda urgente creado en 2011 para casos de alto riesgo. El de Maria califica plenamente ya que reúne estas condiciones críticas, es una mujer trans, defensora, había denunciado amenazas. Activarlo obligaría a una acción coordinada e inmediata entre todas las autoridades.
La desaparición de María Mendoza es un síntoma de un mal mucho más profundo. Para las autoridades, es una prueba de fuego que medirá si su compromiso con los derechos humanos es real o solo son palabras, cada hora de inacción es un mensaje de impunidad.
Pero la responsabilidad no es solo del gobierno. Como sociedad, no podemos permitir que quien defiende nuestra tierra y celebra nuestra diversidad desaparezca en el silencio. La indiferencia nos hace cómplices. «¡Hasta Encontrarla!» no es solo una consigna; es un acto de justicia y de supervivencia colectiva. En un país donde desaparecen a quienes defienden la vida, el futuro de todos está en juego. Hoy, el paradero de María es la verdadera medida de nuestra humanidad.



