
Es triste pensarlo pero la misma sombra de la invasión española que intentó borrar identidades hace cinco siglos acecha hoy a Cholula de otra manera, no con espadas sino con la indiferencia, la modernidad que arrasa con costumbres y el desinterés que aleja a las juventudes de sus raíces y que poco a poco esta nueva «invasión silenciosa» amenaza con apagar tradiciones que han resistido por generaciones, como la fiesta de la Virgen de los Remedios que se celebra cada 31 de agosto, la preservación de estas expresiones culturales trasciende lo festivo; se trata de un derecho fundamental de los pueblos originarios a mantener viva su identidad, su memoria histórica y su conexión con el territorio.
Esta lucha contra el olvido tiene sus raíces en la propia historia de la devoción ya que tras la invasión española, los conquistadores colocaron la imagen de la Virgen de los Remedios en la cima de la gran pirámide de Cholula, el lugar más sagrado para los pueblos originarios. Este acto que buscaba imponer una nueva fe, terminó transformándose en algo distinto: la gente hizo suya a la Virgen, convirtiéndola en «la remediadora» de males y penas, la protectora que vio nacer a la Cholula moderna y así lo que comenzó como imposición se transformó en el símbolo máximo de la resistencia cultural de un pueblo que se negó a dejar de venerar su tierra sagrada.
Frente al riesgo del olvido, la Procesión de los Faroles se convierte en un acto de resistencia tangible, según la página de Facebook ‘Hecho en Cholula’, la procesión es iluminada al principio por las claverías de Santo Entierro, San Pedrito y San Matías. Después es encabezada por el barrio de San Matías Cocoyotla, San Pedro Mexicaltzingo, San Cristobal Tepontla, Jesús Tlatempa, La Magdalena Coapa, San Pablo Tecamac, Santa María Xixitla, San Juan Telpoxco, Santiago Mixquitla y San Miguel Tianguisnahuatl y al final va la Virgen resguardada este año por los mayordomos de la circular del barrio de Xixitla, calpulli de Ocotlan.
Es triste pensarlo pero la misma sombra de la invasión española que intentó borrar identidades hace cinco siglos acecha hoy a Cholula de otra manera, no con espadas sino con la indiferencia, la modernidad que arrasa con costumbres y el desinterés que aleja a las juventudes de sus raíces y que poco a poco esta nueva «invasión silenciosa» amenaza con apagar tradiciones que han resistido por generaciones, como la fiesta de la Virgen de los Remedios que se celebra cada 31 de agosto, la preservación de estas expresiones culturales trasciende lo festivo; se trata de un derecho fundamental de los pueblos originarios a mantener viva su identidad, su memoria histórica y su conexión con el territorio.
Esta lucha contra el olvido tiene sus raíces en la propia historia de la devoción ya que tras la invasión española, los conquistadores colocaron la imagen de la Virgen de los Remedios en la cima de la gran pirámide de Cholula, el lugar más sagrado para los pueblos originarios. Este acto que buscaba imponer una nueva fe, terminó transformándose en algo distinto: la gente hizo suya a la Virgen, convirtiéndola en «la remediadora» de males y penas, la protectora que vio nacer a la Cholula moderna y así lo que comenzó como imposición se transformó en el símbolo máximo de la resistencia cultural de un pueblo que se negó a dejar de venerar su tierra sagrada.
Cada barrio lleva música y cohetes quienes procesionan con sus respectivos mayordomos y platitos además de hijos de barrios. En este caminar comunitario, hasta los faroles guardan una historia de resistencia y esperanza: muchos son elaborados por personas privadas de la libertad en el CERESO, convirtiéndose en símbolos de redención que iluminan el camino de la Virgen y la comunidad. Estas luminarias creadas artesanalmente con armazones de alambre y papel de china, representan mucho más que luz: son la fe que se transmite de generación en generación estos faroles tras la procesión no se desechan; se conservan en altares domésticos o capillas de barrio, esperando ser reparados o servir de molde para el año siguiente, manteniendo vivo un ciclo perpetuo de devoción.

La danza emerge como el lenguaje más elocuente de esta resistencia cultural. Como explica Amairani Teutle de la comunidad de San Bernardo Tlaxcalancingo, y parte de la Mesa de Nuestra Señora de los Remedios del Maestro Manuel Tlatoa Guizar: «Existen diversas formas como pueblos que las practican de acercarse a lo divino, a lo que consideramos sagrado y la danza de concheros es una de esas múltiples manifestaciones que nos acercan precisamente a lo divino».
Grupos de danzantes como los concheros, suben al Cerrito no para actuar, sino para cumplir mandas o agradecer favores recibidos. Su baile es una oración en movimiento, acompañada por el sonido ancestral de tambores, sonajas y conchas de armadillo. Sus atuendos, con penachos de plumas y tocados llenos de color, son un vínculo directo con ese pasado que se niega a ser olvidado. Amairani añade: «La danza es una forma de oración hacia Dios hacia lo divino a través del movimiento… en donde la forma en la que nosotros como grupos de concheros nos acercamos o intentamos acercarnos a la divinidad es a través del movimiento, a través de la danza».
Esta danza representa la esencia del sincretismo cholulteca: el catolicismo fusionado con la cosmovisión indígena, creando un acto de devoción único que mantiene viva la memoria ancestral frente a la amenaza de homogeneización cultural. La Mesa de Nuestra Señora de los Remedios del maestro Manuel, como explica Amairani Teutle, «llevamos aproximadamente 3 años haciendo esa festividad, realizando esos trabajos devocionales y rituales en el marco de la festividad y de toda esta complejidad de prácticas devocionales religiosas, simbólicamente sagradas que componen toda esta festividad en veneración a la patrona de los pueblos Cholultecas».
Sobre la persistencia cultural, Amairani Teutle reflexiona: «Cholula es la ciudad, una ciudad santuario, una ciudad sagrada, desde hace más de 2000 años, y una ciudad que sigue viva desde entonces con estas prácticas íntimamente religiosas y sagradas, en donde se conjuntan, por un lado la innegable presencia y herencia de los pueblos que nos antecedieron de los que devenimos de una cultura cholulteca y que también por otro lado las prácticas que fuimos adquiriendo a partir de este proceso de colonización».
La procesión llega nuevamente al cerrito de los Remedios, donde en punto de la medianoche, entre música y devoción, se entonan las mañanitas a la Virgen, marcando así, el inicio de la feria patronal. Es en momentos como este cuando la comunidad se une en canto y fe, que la tradición demuestra su fuerza vital, la coronación de la Virgen por su madrina y el desayuno comunitario con tamales y atole que sigue, no son solo actos rituales: son la reafirmación anual de que Cholula sigue defendiendo su identidad.
Sobre el significado profundo de estas prácticas, Amairani destaca: «Todas estas acciones que se tienen, son formas o manifestaciones diferentes de acercarse a lo divino de acercarse, en todo sentido de intentar comprenderlo, experimentarlo, sentirlo, compartirlo» y añade un valor esencial: «poder ofrecer sin esperar nada a cambio… hay que resaltar que estas prácticas se escapan de esa idea capitalista, el rito es sin esperar absolutamente nada a cambio, sino ofrecer poder despojarte de lo que tienes poder dar ofreciendo hacia otro hacia los otros lo que tienes tanto lo que hay dentro de ti como lo que puedes ofrecer materialmente».
Por ello no podemos permitir que estas expresiones se diluyan, su preservación es un acto de justicia histórica y de ejercicio de los derechos culturales consagrados en instrumentos internacionales y en la Constitución Mexicana, que reconocen el derecho de los pueblos indígenas a conservar y enriquecer sus lenguas, conocimientos y todos los elementos que constituyen su cultura e identidad. La pérdida iría más allá de lo local; sería un fracaso colectivo en la protección de la diversidad cultural que nos enriquece como humanidad.
Por eso hoy más que nunca, debemos recordar de dónde venimos y por qué hacemos lo que hacemos se convierte en un acto de resistencia, esta fiesta que sobrevivió a una invasión militar ahora enfrenta la amenaza silenciosa del tiempo y la indiferencia y mantenerla viva es proteger el alma misma de Cholula, asegurando que la luz de los faroles nunca deje de iluminar el camino hacia nuestras raíces.

Nota de agradecimiento: Este texto contó con los valiosos testimonios de Tania Romero y Amairani Teutle, cuyas voces enriquecen nuestra comprensión sobre la profundidad espiritual y cultural de estas tradiciones.
Fuentes:
Cholollan Radio:
Reel de Caro Ochoa: https://www.facebook.com/reel/1568302407483353
Cholollan Radio: https://www.facebook.com/story.php?story_fbid=1081807854118209&id=100068670126434&mibextid=wwXIfr&rdid=Le1bnrbxtMeUY6G8



