
Por Alan Loyola y María José Zardain
Hoy, en el marco del Día Mundial de la Libertad de Prensa, vale la pena ir más allá de una celebración simbólica y preguntarnos: ¿Quiénes tienen realmente la palabra y desde dónde se ejerce el derecho a informar?
Desde los territorios, la libertad de prensa no es solo una garantía legal, sino una práctica viva que se construye todos los días. En ese sentido, el papel de las mujeres comunicadoras resulta fundamental. Tal como se compartió en el encuentro de mujeres, comunicar también es tejer redes, sostener la memoria colectiva y abrir espacios para otras voces que históricamente han sido silenciadas. Las mujeres en la comunicación no solo informan: cuestionan, incomodan y transforman. Desde radios comunitarias, medios independientes y procesos organizativos, han construido otras formas de narrar el mundo, donde la experiencia, el cuerpo y el territorio ocupan un lugar central. Su labor también evidencia las violencias que atraviesan el ejercicio periodístico, especialmente cuando se cruzan con el género y la defensa del territorio.
Hablar de libertad de prensa en contextos como el nuestro también implica reconocer el derecho de los pueblos a comunicar. No se trata únicamente de acceso a la información, sino de la posibilidad de generar sus propios medios, contar sus propias historias y defender su autonomía frente a discursos externos que muchas veces distorsionan sus realidades.
Cuando los pueblos toman la palabra, a través de radios comunitarias, asambleas o medios propios, no solo informan, ejercen su autodeterminación. Comunicar se vuelve entonces una herramienta de defensa del territorio, de organización y de resistencia.
No obstante, el ejercicio de informar continúa marcado por la violencia. Casos como los asesinatos de Samir Flores Soberanes, integrante de la radio comunitaria Amiltzinko, y quien por oponerse al Proyecto Integral Morelos y defender las tierras de los campesinos y hablar de los abusos contra los mismos, fue asesinado frente a su domicilio. Tampoco se puede olvidar el silenciamiento de Sandra Rosa Camacho Flores, activista y ex candidata a la presidencia de Temoac, además de compañera de lucha de Samir Flores, quien por ser una voz crítica contra la violencia en Temoac y confrontar y acusar directamente al presidente municipal, Valentín Lavín Romero de permitir los cobros de piso, fue asesinada por impactos de bala. Si bien, Camacho Flores no era considerada una periodista o prensa, cuando quiso alzar su voz, fue callada como hacen con los periodistas que incomodan al poder. Así como ellos, desde el año 2000 han sido asesinados, según datos de Reporteros sin fronteras, más de 150 periodistas y 20 desaparecidos. Por mencionar alguno de los casos, está el del periodista y corresponsal de La Jornada, Javier Arturo Valdez Cardenas, quien recibió premios internacionales por sus libros donde evidenciaba el narcotráfico y el crímen organizado en Sinaloa; fue asesinado en 2017. También está Miroslava Breach Valducea, periodista mexicana conocida por su labor en alzar la voz por los derechos humanos, narcotráfico y corrupción, fue asesinada en 2017 en Chihuahua.
Esta situación también encuentra eco en otros contextos internacionales, como Palestina, donde periodistas han muerto en medio de la ofensiva en Gaza, evidenciando cómo la guerra y la violencia también buscan limitar el derecho a informar y documentar lo que ocurre en los territorios. Frente a este panorama, organizaciones advierten que la libertad de prensa persiste principalmente gracias a quienes, incluso en condiciones de riesgo, continúan ejerciendo el derecho a informar como un acto colectivo y político.
Como conclusión, distintas voces coinciden en que hablar de libertad de prensa, implica reconocer y proteger las múltiples formas de comunicación que nacen desde los territorios, especialmente aquellas impulsadas por mujeres, pueblos originarios y medios comunitarios. Más allá de una fecha conmemorativa, la defensa del derecho a informar continúa siendo una lucha contra el silenciamiento, la violencia y la concentración de las narrativas. En ese contexto, comunicar se convierte no solo en una labor periodística, sino en un ejercicio de memoria, organización y resistencia colectiva.
Radialista-Feminista apasionada!!💜💥




