
Por María José Zardain
El pasado 28 de marzo de 2026, en San Bernardino Tlaxcalancingo, se llevó a cabo la Segunda Caminata Silenciosa por el Autismo, una movilización comunitaria que reunió a familias, niños, niñas, adultos y adultas con autismo, cuidadores e instituciones con el objetivo de generar conciencia sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA) y promover una sociedad más inclusiva.
La caminata inició alrededor de las 10:00 de la mañana en el barrio de Xicotzingo y avanzó en silencio hasta las puertas de la iglesia de San Bernardino. A lo largo del recorrido, las y los participantes portaron carteles con mensajes que apelaban a la empatía y al reconocimiento de la diversidad neurológica, como “No somos diferentes, somos únicos” y “El autismo no viene con manual, viene con unos padres que nunca se dan por vencidos”.
El Trastorno del Espectro Autista es una condición del neurodesarrollo que influye en la forma en que una persona percibe el mundo, se comunica y se relaciona con otras personas. Lejos de ser una enfermedad, se trata de una expresión de la diversidad humana, lo que ha llevado a diversos colectivos a impulsar el concepto de neurodiversidad como una forma de reconocer y respetar estas diferencias sin estigmatización.
Uno de los elementos más significativos de la jornada fue el silencio. A diferencia de otras movilizaciones, esta caminata apostó por la ausencia de ruido como una forma de generar conciencia. El silencio no solo funcionó como un gesto simbólico de respeto, sino también como una manera de visibilizar las sensibilidades sensoriales que muchas personas autistas experimentan frente a entornos saturados de estímulos. En ese sentido, la caminata se convirtió en un ejercicio colectivo de escucha: escuchar sin imponer, acompañar sin invadir.
Además, se invitó a las y los asistentes a llevar burbujas, utilizadas como símbolo de calma, cuidado y celebración de la diversidad. Este gesto reforzó el carácter sensible del evento, alejándose de dinámicas estridentes para construir un espacio más accesible.
La caminata en Tlaxcalancingo formó parte de una jornada más amplia en el estado de Puebla, donde actividades similares se realizaron de manera simultánea en distintos municipios, articulando esfuerzos entre comunidades, escuelas y organizaciones civiles.
Más allá de su dimensión simbólica, la movilización también puso sobre la mesa la necesidad de fortalecer la concientización social en torno al autismo. Esto implica no solo visibilizar, sino transformar prácticas cotidianas, educativas e institucionales que históricamente han excluido a las personas autistas. La inclusión, señalaron algunas de las consignas, no debe quedarse en el discurso, sino traducirse en condiciones reales de acceso, respeto y dignidad.
La Caminata Silenciosa dejó así una huella que va más allá del recorrido: una invitación a repensar la manera en que la sociedad se relaciona con la diferencia, apostando por la empatía como punto de partida.
Radialista-Feminista apasionada!!💜💥




