NI SILENCIO NI MIEDO: MUJERES MARCHAN ESTE 8M 

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Por María José Zardain Pérez

Entre consignas, pancartas moradas y el eco de los tambores, miles de mujeres tomaron las calles de Puebla este 8 de marzo. Desde el reloj de El Gallito, en Paseo Bravo, comenzaron a reunirse a las 16 hrs colectivos feministas, madres buscadoras,  integrantes de pueblos originarios, estudiantes y familias que, con carteles y fotografías de víctimas, avanzaron por el Centro Histórico para exigir justicia y un alto a la violencia contra las mujeres. 

Las participantes señalaron que la marcha no sólo busca conmemorar el Día Internacional de la Mujer, sino visibilizar una realidad que continúa afectando a miles de mujeres en Puebla y en todo el país. Entre la multitud, pancartas con nombres y rostros recordaron a quienes han sido víctimas de la violencia, convirtiendo la movilización en un espacio de memoria, denuncia y solidaridad.

Se observaban consignas en los carteles como “Hoy marcho con mis hijas para no marchar sin ellas”. También se observaban otros carteles, como el de una de las manifestantes que decía “La desigualdad social es más violenta que cualquier protesta”, apelando a una violencia estructural, desde el feminismo se argumenta que las mujeres viven las desigualdades de diferente manera que los hombres porque el sistema social está atravesado por relaciones de género que históricamente han colocado a las mujeres en posiciones de menor poder y mayor opresión  por ejemplo, la brecha salarial, mayor carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, obstáculos para acceder a justicia en casos de agresión o feminicidio. El movimiento feminista no solo denuncia agresiones individuales, sino también las estructuras que permiten que esa violencia exista, la idea es que la violencia contra las mujeres no ocurre en el vacío, sino dentro de un sistema de desigualdades sociales.

Por eso las marchas feministas buscan hacer visible lo que normalmente se normaliza. Cuando muchas mujeres salen a la calle juntas, transforman experiencias individuales de injusticia en una demanda social y política.

Durante la marcha por el centro histórico, también se pudo observar grupos conservadores católicos haciendo cadenas humanas para proteger algunas de las iglesias por donde pasaba el contingente de mujeres, debido a la tensión entre los grupos conservadores y las feministas, y el rol que juegan los templos, los monumentos y edificios públicos como escenarios simbólicos del debate social, ya que tradicionalmente se ha promovido una visión donde la mujer debía estar asociada a roles impuestos por las sociedades patriarcales como la maternidad, el cuidado y el ámbito doméstico. El feminismo cuestiona justamente esas normas cuando se convierten en limitaciones para la autonomía de las mujeres. La Iglesia Católica, las instituciones del mismo  Estado  y otros grupos religiosos conservadores suelen oponerse a estas políticas, mientras que las feministas buscan estas autonomías como  derechos fundamentales. Por eso, en algunos contextos, las iglesias se vuelven símbolos del poder moral o político que ha frenado ciertos derechos como el derecho al aborto legal, la educación sexual y la autonomía sobre el propio cuerpo.

Hasta antes de llegar a la Fiscalía, no se había reportado ningún incidente ni daño de inmuebles, pero algunos contingentes, poco antes de llegar a este punto, empezaron a romper los cristales de la estación del metrobus de la Línea tres sobre el boulevard 5 de mayo. Mientras tanto, el resto del contingente continuó sobre la 5 de mayo hasta llegar a la altura de la 31 poniente, avenida donde se encuentra en contra esquina, la fiscalía del estado de Puebla. Fue ahí, donde los ánimos se empezaron a elevar entre las mujeres y el grupo de policías mujeres protegiendo el inmueble. Como en todos los años, las feministas en reclamo de sus derechos y la falta de resultados de la fiscalía en la resolución de casos de desaparición, feminicidios, violaciones y abusos, llevaron a cabo actos iconoclastas sobre las instalaciones de la fiscalía, recordando la importancia de la intervención y resignificación de símbolos de poder, autoridad e ideología que no son neutrales, ni representan a toda la sociedad por igual, se trata de una institución que como muchas otras le debe a las mujeres respeto, reparación y ¡Justicia!

En un hecho lamentable, la policía protegiendo el inmueble, empezó a lanzar gas lacrimógeno a las protestantes en represión a sus demandas, afectando la vista y la respiración de varias de ellas. Recordemos el ejercicio de derecho hacia la protesta y a la libre expresión, especialmente en movilizaciones que buscan denunciar violencia y exigir justicia. Ante escenarios de tensión, la solidaridad entre mujeres se vuelve una fuerza fundamental. Acompañarse, cuidarse y escucharse en medio de la protesta recuerda que la lucha feminista no es solo una denuncia, sino también una construcción colectiva de apoyo y resistencia. Cuando las mujeres se organizan y se sostienen unas a otras, transforman el miedo en comunidad y la indignación en acción.

En el contexto de esta conmemoración, autoridades municipales también realizaron actividades institucionales. El gobierno de San Pedro Cholula llevó a cabo la ponencia “Más voces, menos silencios” en el Teatro Ciudad Sagrada, donde la fiscal general del estado, Idamis Pastor Betancourt, reflexionó sobre la importancia de alzar la voz, fortalecer la justicia y continuar avanzando hacia una sociedad más igualitaria. Durante el evento, se reiteró el compromiso de impulsar espacios de diálogo, conciencia y acciones que contribuyan a garantizar el respeto, la seguridad y las oportunidades para todas las mujeres. Sin embargo la presidenta Tonantzin Fernández no ha dado solución a las mujeres que viven un riesgo constante a su salud por la contaminación del relleno sanitario de San Pedro Cholula a cargo de la empresa PROFAJ Hidrolimpieza. Misma práctica tuvo la presidenta Guadalupe Cuautle en el sentido de promover un espacio para hablar de los derechos de las mujeres mientras que sigue poniendo en riesgo las vidas de las mujeres de los pueblos originarios al no querer aprobar las estrategias de protección de los pueblos originarios y entregar la tierra a la industria inmobiliaria. 

Más allá de la movilización de un solo día, el 8 de marzo también recuerda la fuerza de la lucha colectiva. Las marchas feministas forman parte de una larga historia de movilizaciones sociales que han permitido visibilizar injusticias y abrir caminos hacia el reconocimiento de derechos. Al ocupar el espacio público, las mujeres no sólo denuncian la violencia que enfrentan, sino que también construyen comunidad, memoria y solidaridad. Cada consigna, cada pancarta y cada nombre pronunciado durante la marcha se suma a una memoria compartida que ha sido sostenida por generaciones de mujeres que se han organizado para transformar su realidad. En ese sentido, las calles se convierten en un espacio de encuentro y resistencia, donde las voces individuales se unen para recordar que los cambios sociales, muchas veces, nacen de la persistencia de quienes se niegan a guardar silencio.

A mi mamá quien me enseñó “a echarle ganas mi amorcito”, a mi hermana que todas las noches se asegura de dónde estoy, a mi maestra que me corrigió sin ruido y me vio capaz, a mi amiga que me enseñó a mirarme y hablarme con amor y al amor que de ellas conocí.

María José Zardain Pérez 

Radialista-Feminista apasionada!!💜💥


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Miryam Vargas

Radialista-Feminista apasionada!!💜💥