Mexicana en el extranjero; nueva normalidad en Barcelona

Pensar en el papel que el ser humano juega en el mundo, las acciones que estamos tomando, y si nuestra normalidad antes de la pandemia era realmente “normal” o esa normalidad nos llevó a generar el virus […]

Las vivencias (las experiencias) de cada persona durante la actual pandemia son tan diversas como individuos hay en el mundo. A lo largo de las últimas semanas del programa Tequio Informativo hemos estado hablando con el Doctor Mauricio Rodríguez, investigador y divulgador científico de la UNAM, sobre una realidad existente sobre esta enfermedad: las múltiples pandemias que coexisten en la sociedad. No nos encontramos en una pandemia única y de un proceso uniforme a lo largo de territorio nacional, sino con un fenómeno que se presenta como una diversidad gradual de esta enfermedad; por ello se presentó el modelo de semaforización para el regreso de actividades por parte del Gobierno Federal.

A partir de esta idea consideramos relevante conocer otras realidades que se viven para hacer un ejercicio de comparación sobre cómo se desarrolla la pandemia en otros contextos culturales. En esta ocasión tuvimos la oportunidad de hablar con Jessica castillo, antropóloga social de la BUAP, quien actualmente vive y estudia una maestría en la ciudad de Barcelona, España; ella nos platica una poco sobre el proceso que ha vivido y las características que conllevan esta “nueva normalidad” en la que se encuentra.

 

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Cuarentena y sanciones

La incredulidad de esta enfermedad en estas primeras etapas fue una de las características principales que marcaron el inicio de la pandemia. Como en varias partes del mundo el escepticismo sobre la gravedad de la emergencia sanitaria era evidente, sin embargo, la cercanía que tenía el país (y esta región) con zonas que empezaban a presentar un aumento exponencial de casos confirmados resultaba preocupante.

Tras el anuncio de la cancelación de diversas actividades no esenciales fue como los habitantes de la ciudad comenzaban a percatarse sobre la seriedad de la situación. A partir de este punto se comenzó a aplicar una cuarentena por parte del sector gubernamental, la cual Jesica nos platica desde su percepción como una cuarentena restrictiva:

No es que hubiera control policial en agresiones, sino que había control a partir de multas; entonces si tu salías de tu casa normalmente te encontrabas policías a fuera que te preguntaban a dónde vas a ir y tenías que llevar un papel (o certificado) que justificara por que ibas a salir

Únicamente se podía salir por trabajo, a mercados y farmacias o si tenías que ir al doctor, las actividades de ocio o deportivas estaban prohibidas. Fueron varias las empresas que tuvieron la necesidad de otorgarles este papel a sus trabajadores para que pudieran salir a trabajar, este fue el caso de la pareja de Jesica. Aquellos que no acataran las medidas podrían ser acreedoras de multas que llegan hasta los 300 euros; medidas distintas a lo que vemos en nuestra cotidianidad por ser contextos distintos.

Como en varios lugares del mundo, los sectores más vulnerables, además de la población de la tercera edad, eran las personas con residencia ilegal en el país que al no poder resguardarse por mucho tiempo enfrentan problemas no solo sanitarios, sino económicas que problematizan aún más la situación. Aquellos que tienen menos son los más afectados en la pandemia, lo que refleja un problema estructural de las sociedades a nivel global y no un problema particular como se cree.

Pero los efectos económicos cada vez se ven más claros. Los pequeños y medianos empresarios se han forzado a recortar el personal por las pérdidas que la contingencia a supuesto incluso con el levantamiento de la cuarentena. Los más afortunados son aquellos que reciben una indemnización a través del Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE)el cual suspende el contrato de los trabajadores mientras se le otorga un monto representativo a su sueldo.  

Los efectos sociales más evidentes sobre la pandemia se expresan en el comportamiento de la gente, específicamente en las relaciones que conllevan en la vida diaria; la gente está tensa y a la defensiva por lo que los pequeños conflictos no se hacen esperar.

La desconfianza ante los otros. Estar apartados tanto tiempo ha hecho que entre vecinos como que se ataquen, porque (ver) quien sale o quien no sale. Las personas que han llegado a estar enfermas de coronavirus han sido rechazadas socialmente. Supongo que también hay un cierto ambiente de malestar por toda la situación, por la incertidumbre, por la situación económica; personalmente veo que en la calle la gente está muy agresiva, muy a la defensiva. 

 

 

Nueva normalidad

A principios de junio se “terminó” la cuarentena durando casi tres meses, sin embargo, la transición a esta nueva normalidad fue gradual en algunos sectores respetando las medidas establecidas: no se podía ocupar toda la capacidad de los locales ni las terrazas, los centros comerciales se abrieron días posteriores, se obligó a ocupar mascarilla en vía pública (a pesar de las altas temperaturas que hay actualmente), así como se implementó la desinfección de las personas antes de entrar a cualquier establecimiento, etc. Sin embargo, no se ha vuelto a la vida que se tenía antes de la pandemia, posiblemente falte mucho para ello.

Aunque no existieron delimitaciones claras de las fases de cuarentena cada uno tenía características específicas que las distinguían. La fase 3 es la etapa de la Nueva Normalidad en la que se permite la apertura de espacios públicos, reuniones, horarios específicos para la práctica de deportes por edades y la circulación de la gente; En la etapa 2 las actividades descritas anteriormente están canceladas, las reuniones solo se permiten con un aforo de 5 personas en el espacio privado, la circulación de las personas se limita a las necesidades esenciales; La etapa 1 e el confinamiento total.

A pesar de la disminución de la curva de contagios en el país, la reapertura de los espacios públicos de ocio con las respectivas medidas, así como la a conglomeración de personas en pequeños grupos generó un rebrote en distintas regiones; por lo que se regresará esta semana a la etapa 2 de la cuarentena prohibiendo reuniones al aire libre, cierre de centros deportivos, limitación de los restaurantes a la mitad de su capacidad, y limitación de la circulación de la gente salvo a actividades esenciales. Esta nueva normalidad solo duro un mes.

Yo no sé, pero si vuelve a ser igual en cuanto al control por medio de las multas pues muchos dicen que volveremos otra vez al confinamiento del lugar… así que esa es la situación actual.

 

 

Lejos de casa

Los efectos de la pandemia para aquel que se encuentra lejos de casa destapan las incertidumbres del presente que se está viviendo. A redes de apoyo que parecen naturales para cualquiera son limitadas para los connacionales que radican en el extranjero, incluso a pesar de los medios tecnológicos que acercan a las personas de continente a continente.

A los miedos sobre el panorama que se vive en tierra extraña se suman los miedos sobre lo que puede pasar con tus seres queridos en el lugar de origen. Estar lejos de tu familia en esta emergencia sanitaria en ocasiones puede suponer una angustia, y aunque se confíe en el sistema de salud de España, siempre es preferible contar con tus seres queridos cerca. Una realidad a la que se enfrentan muchos mexicanos en el extranjero.

 

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México y Barcelona

Por último, me gustaría hacer un ejercicio de comparación entre ambos países a modo de reflexión sobre las incertidumbres que causan los medios de comunicación. Como lo dijo Jesica, en ocasiones dentro de los medios no existía un consenso sobre la información respecto al Covid -19, por lo que más que informar se generaba confusión y caos mediático.

Sobre esta línea de ideas debo señalar que el imaginario idealizado de la vida del europeo realmente es falso, así como nosotros (los mexicanos), en el viejo continente pecan de los mismos errores que podemos encontrar en la nación, a veces más evidentes que otras. Y en este caso particular, sobre el modo de informarnos, Barcelona también se encuentra inmersa en un remolino de noticias y fuentes informativas diversas que dañan a la integridad de la sociedad y su salud.

Esto tendría que dar apertura a la discusión sobre la responsabilidad y ética de los medios informativos, pero también sobre las capacidades que hemos adquiridos y que debemos de trabajar respecto a la investigación de información que cae a nuestras manos. Dudar de lo que se dice es sano siempre y cuando no se pierda el suelo y se tenga un sustento que avale la duda. Termino la nota lanzando una pregunta al aire que todos nos debemos hacer: ¿Realmente me sé informar?

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Alejandro Amaxal

Estudiante de Antropología Social, fotógrafo aficionado y apasionado del fútbol