Ju.dith Jus.ti.cia

Felipa Cuaya, madre de Judith Coatl Cuaya


Texto: Haru Mi Hon Da
Mural: Las Caracolas

 

 

“A veces voy al parque donde ella caminaba, ando por los lugares que ella andaba para ver si la  encuentro, si la puedo ver, si la abrazo” -Doña Felipa, mamá de Judith Coatl Cuaya.

 

 

El deseo de recuperar a Judith permea cada palabra de su madre

 

Habla sobre ella  y sus labios se deslizan en gélidos desiertos, sonríe, miro sus ojos tornasol e imagino la mágica calidez de Judith. Hoja de otoño soy en la pradera.

 

La añoranza de un deseo más florece permanentemente en el horizonte de doña Felipa. ¡Justicia. Justicia. Justicia. JUS-TI-CIA! Alimento que no llega para ella, para tantxs, para muchxs ¿para todxs?

 

Nuestras voces rompen cuerdas exigiendo justicia social sólo porque ésta no se ejerce en mi patria. Evidencia, ya no hay prueba, solo realidad.

 

Injusticias son nuestras chatarras cotidianas, en la mesa, en la escuela, en los empleos, en los campos, en las camas…

 

Sí, para los pobres, para los pueblos, para las mujeres, para nosotrxs.

 

Sí. El chapopote corriente en nuestras venas sustituye  coraje y valor, intoxica células, nubla mentes, paraliza manos y corazones. Ellxs apocalipsis caducos de la devastación. Nosotros incrédulos, inundados en tibieza. Unas horas primero, una tarde, una noche, una vida después. Sí.

 

Las cuentas no cuadran, la geometría no proyecta figuras, las redes no sostienen, los culpables no son castigados, las máquinas no se detienen, los muros se extienden, las mujeres y los despojados “mueren”.

 

Ellxs, el mundo es gris ¿si?

 

Sí. Nosotrxs, nuestra cobardía, nuestros olvidos. Sí, mil miedos nos encadenan  corazones tibios.

 

En cambio carmines serían las aceras, tapices escarlata las avenidas, rojas nuestras venas, espinas nuestras palabras, semillas de granada nuestras manos, cultivos de estrellas las azoteas -¡si nuestros ojos y  oídos ardiesen una gota de dolor por cada flor tomada!

 

Protestar, sí.

 

El aliento, la caricia, la danza, la sonrisa.

 

¡No más!

 

JUS-TI-CIA insurrecta, amedrentada, oculta ventana, desarraigada, quebrantada, rebelada ¡tardas, no llegas!

 

¡Hemos de traerte si no vienes por voluntad!

 

Felipa cabalga estelas en  madrugadas  infinitas, buscando su hija, la divinamente alabada Judith.

 

* * * * *

 

No nos cabe tanta muerte

Mural dedicado a Judith Coatl Cuaya y a todas las víctimas de violencia hacia la mujer.

 

Judith Coatl Cuaya desapareció el 20 de marzo de 2014, tenía 26 años, licenciada en Psicología, originaria del Pueblo de San Bernardino Tlaxcalancingo, Municipio de San Andrés Cholula, Puebla.

 Su feminicida es Gerardo Juárez y Christian Quechol Díaz.

El cuerpo de Judith fue encontrado al fondo de un pozo ubicado en Tlaxcalancingo el 3 de Julio de 2014, después que su agresor fue detenido por quitar la vida a Laura León Ortega, de 22 años de edad, de Acajete Puebla.

Laura era estudiante de gastronomía.

 

 

¡Justicia para Judith!

¡Justicia para Laura!

¡Justicia para todxs!

  

No te rindas Judith

 

 

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